Hola, corazón mío, ¿qué tal en tu nueva vida?. Seguro que estás perfectamente. Sin dolores, andando y corriendo de nube en nube. Ya se acabaron tus problemas y empieza un arduo trabajo para ayudarnos a tus enormes padres, a mí y a tus hermanos y demás familia.
¿Has visto ya a mi padre y a tu tío Orozco?
Yo estoy bien, no te preocupes. Me duele mucho tu marcha al Padre, pero entiendo que ha sido lo mejor que te podía pasar. Lloro mucho, porque te echo mucho en falta, y todo lo que veo y siento me recuerda a tí.
¿Sabes?, ayer fuí a San Fernando con tu hermano Tony y tu padre, y recordé cuando yo me perdía con el coche al salir de allí, ¡menuda bronca me echabas y como te cabreabas!.
Y por la noche tu madre hizo una tortilla de patatas muy buena, ¡como te gustaba, eh, mi vida!.
Gorda, te quiero y te amaré siempre con locura, lo sabes y lo sabías de sobras. NUNCA tendré a mi lado una mujer como tú, lo tengo clarísimo.
Esta mañana, Manolo, el supervisor de la plata del Hospital Juan Grande, se le han saltado las lágrimas cuando me ha visto, y me dicho que les hemos dado una gran lección, por nuestro saber estar y como hemos llevado la enfermedad, por la entereza que hemos demostrado los dos.
Nada, mi amor, lo dicho, que NUNCA TE VOY A OLVIDAR, y que siempre serás mi vida, mi amor, mi todo.
Sé que ahora sigues siendo, con más vera que nunca, mi ANGEL DE LA GUARDA.
TE QUIERO, LOLA.



