Sí, amig@s, me duele el alma. Me siento indefenso ante tanto dolor y tanta desgracia, me siento impotente ante el estado de salud de Lola.
Me siento impotente cuando después días haciendo de cuerpo fenomenal, al tercer día no puede, y se revuelca de dolor, y le tienen que poner una ayuda, y se tira toda la tarde sin poderse levantar de la cama, llenita de dolores y de caca hasta adonde…
¡Dios mío!, ¿a que estás esperando para hacer el milagro?, para bien mío y nuestro, o para bien tuyo. Déjame este ángel, o si lo necesitas llévatela contigo. Somos tuyos, los que tenemos fé así lo creemos. Pero no me la sigas haciendo sufrir, te lo imploro.
Me duele el alma intensamente cuando veo como los celadores, la cogen de la sábana y la sientan en el butacón, y como se queda allí, sin poderse mover, durante horas, y cuando llega la hora de dormir, vuelta a lo mismo, otra vez a la cama, todo el día boca arriba, pues no se mueve nada.
No puedo más, estoy y está destrozada. ¿Por qué permites, Dios mío, que nuestra vida y nuestro destino sea tan cruel?.

